UN NiDO PARA CRECER
Diseño de ludoteca infantil en Sant Cugat del Vallès , 2025
La intervención parte de una idea muy clara: transformar un local en planta baja, originalmente libre y diáfano, en una ludoteca infantil viva, cálida y flexible. Un espacio pensado para niños de 0 a 3 años, pero también para los adultos que los acompañan; un lugar donde el juego, el aprendizaje, la conciliación familiar, la crianza respetuosa, la comunidad y la sostenibilidad forman parte de una misma experiencia.
El proyecto convierte el local en una sala de juegos infantil organizada, acogedora y fácilmente reconocible. La propuesta articula el espacio en dos grandes zonas conectadas por un ámbito central que funciona como distribuidor y punto de encuentro. Esta estructura permite adaptar la ludoteca a distintas edades, ritmos y actividades, manteniendo siempre una lectura clara y amable del espacio.
A un lado se sitúa la recepción, con una estética propia y diferenciada, junto al área destinada a bebés de 0 a 1 año. Al otro, un espacio más amplio para niños de 1 a 3 años y adultos, concebido como una zona flexible para el juego libre, las actividades grupales, los talleres y la relación entre familias. El diseño responde así a las necesidades propias de una ludoteca para primera infancia, donde cada rincón debe favorecer la autonomía, la exploración y la seguridad.
Uno de los elementos principales de la propuesta es el árbol de asambleas, una pieza central que actúa como hito espacial y simbólico. Alrededor de él se organizan actividades, encuentros, charlas y momentos compartidos. Más que un elemento decorativo, el árbol ayuda a construir una identidad reconocible y convierte el interior en un pequeño paisaje de juego: un entorno cálido, estimulante y fácil de recordar.
La imagen del proyecto —vinculada a los búhos, las ramas, el nido y una paleta de verdes, terracotas, amarillos y beige— se traslada al espacio de forma natural. La entrada se diseña como un pequeño nido, con formas curvas y cerámica de pequeño formato en tonos cálidos. Desde el exterior, la fachada incorpora vinilos translúcidos que permiten el paso de la luz y aportan privacidad, dejando intuir lo que sucede dentro sin exponer completamente el interior.
En el interior, las curvas, los arcos, las montañas y los elementos vegetales construyen un ambiente cercano al imaginario infantil sin caer en una estética literal o excesiva. Los paneles fonoabsorbentes ranurados, las superficies cálidas, los tonos suaves y la iluminación cuidada ayudan a generar un entorno confortable desde el punto de vista acústico, visual y emocional.
El proyecto no busca únicamente crear un espacio bonito, sino diseñar una ludoteca funcional y pedagógica. Cada decisión espacial responde a una necesidad concreta: favorecer el juego libre, permitir actividades dirigidas, acompañar los distintos momentos de desarrollo infantil y facilitar la presencia de las familias dentro del espacio. Por eso, la zona vinculada a fachada se aprovecha como aparcamiento de carritos, área de espera, estancia de adultos y zona de vigilancia.
La ludoteca se plantea así como mucho más que una sala de juegos. Es un espacio educativo para la primera infancia, un lugar donde los niños juegan, experimentan y descubren, pero también donde las familias se encuentran, conversan y construyen comunidad.
El resultado es una ludoteca cálida, flexible y reconocible, concebida como un pequeño refugio urbano para la infancia. Un nido abierto al juego, al aprendizaje y al encuentro; un espacio donde crecer no significa solo aprender cosas nuevas, sino hacerlo acompañado, con calma y en comunidad.
“Hay tres maestros para los niños: los adultos, los otros niños y el ambiente físico.”
Loris Malaguzzi